Celebración Profesión Votos Perpetuos Hno. Emmanuel Pérez

(Comunicación DAMS)
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Una vida entregada y una vocación que se renueva: el Distrito celebra la Profesión Perpetua del Hno. Emmanuel Pérez y los 90 años del Hno. Adalberto Aranda

En un ambiente de fe, fraternidad y profunda acción de gracias, el Distrito Antillas-México Sur vivió una celebración especialmente significativa con motivo de la Profesión Perpetua del Hno. Emmanuel Pérez León y la conmemoración de los 90 años de vida del Hno. Adalberto Aranda. La Eucaristía reunió a Hermanos, colaboradores, familias y miembros de la comunidad lasallista, tanto de manera presencial como a distancia.

La celebración se convirtió en un encuentro de distintas expresiones de una misma vocación: la respuesta generosa a la llamada de Dios, la fidelidad a una misión y la entrega de la propia vida al servicio de los demás.

“De la mano de Jesús, todo se puede afrontar”

A partir del Evangelio de San Mateo, que narra el encuentro de Jesús con sus discípulos en medio de la tempestad y la experiencia de Pedro al caminar sobre las aguas, la celebración invitó a reconocer que toda vocación atraviesa momentos de incertidumbre, temor y cambio.

La imagen de Jesús que tiende la mano a Pedro se convirtió en uno de los ejes de la celebración: aun en medio de las dificultades, la presencia de Dios permite recuperar la confianza, afrontar los desafíos y perseverar en el camino.

Durante la homilía se destacó que incluso Jesús experimentó momentos en los que sus planes tuvieron que cambiar. Lo que inicialmente parecía ser un momento de retiro y descanso se transformó en una oportunidad para reencontrarse con las personas, atender sus necesidades y redescubrir la esencia de su misión. Esta reflexión llevó a una pregunta fundamental para toda persona llamada a servir: “¿Qué es lo que Dios quiere de mí?”. No se trata solamente de preguntarse qué queremos hacer con nuestra vida, sino de abrirnos al discernimiento para descubrir aquello a lo que estamos llamados.

El silencio apareció entonces como un espacio privilegiado para escuchar esa llamada. Así como Elías, Jesús y San Juan Bautista de La Salle encontraron en momentos de retiro y silencio una oportunidad para redescubrir su misión, también hoy las comunidades están llamadas a detenerse, escuchar y discernir aquello que Dios quiere de cada persona y de la comunidad.

En este sentido, se recordó que cuando Dios está presente en “la barca”, las tempestades no desaparecen necesariamente, pero la comunidad encuentra la fuerza para atravesarlas. La presencia de Dios transforma el miedo en confianza y permite regresar a la misión con renovado ánimo.

Un “sí” que se convierte en palabra viva

Uno de los momentos centrales de la celebración fue la Profesión Perpetua del Hno. Emmanuel Pérez León, quien, ante Dios y la comunidad, expresó su decisión de unirse para siempre a los Hermanos de las Escuelas Cristianas y vivir su consagración al servicio educativo de los pobres.

En su profesión, el Hno. Emmanuel hizo voto de Asociación para el Servicio Educativo de los Pobres, estabilidad en el Instituto, obediencia, castidad y pobreza, comprometiéndose a vivirlos durante toda su vida.

El Hno. Rafael Cerón, Visitador del Distrito Antillas-México Sur, dirigió unas palabras al Hno. Emmanuel, recordando el camino que ambos han compartido desde los primeros momentos de su proceso vocacional.

A partir de los acontecimientos vividos durante la jornada, el Hno. Rafael subrayó la importancia de las palabras, pero hizo una invitación particularmente significativa: que la vida del nuevo Hermano esté llena de “palabras” que no sean simplemente discursos, sino la Palabra viva de Dios encarnada en su existencia.

La invitación fue clara: que Emmanuel pueda ser también “palabra viva” para el Instituto y para la comunidad, una presencia capaz de recordar el compromiso con la historia de salvación y de desafiar la realidad desde el sueño de construir un mundo mejor y hacer presente el Reino de Dios.

Su profesión perpetua no fue presentada únicamente como la culminación de un proceso personal, sino como una nueva manera de asumir la misión compartida. Su “sí” se incorpora así al “sí” de tantos Hermanos y colaboradores que, desde diferentes vocaciones y responsabilidades, participan en la construcción de la misión educativa lasallista.

Noventa años de una vida recibida como don 

La celebración tuvo también un momento especialmente emotivo con el testimonio del Hno. Adalberto Aranda, quien compartió su experiencia al cumplir 90 años de vida. Con sencillez, el Hno. Adalberto definió el aniversario como una oportunidad para celebrar el don de la vida, reconociéndolo como un regalo que nace del amor de Dios y que debe ser recibido con humildad, alegría, acción de gracias y esperanza.

Su testimonio fue también una mirada agradecida sobre una larga historia vocacional. Recordó su llegada a la comunidad lasallista a los 12 años y cómo, desde aquellos primeros momentos, encontró en ella una familia, acompañado por formadores y por numerosos compañeros con quienes compartió estudios, trabajos, juegos, experiencias y vida de fe.

Al recorrer su historia, reconoció cómo Dios fue entrelazando personas, acontecimientos y circunstancias para conducir su vida. Una convicción atravesó su mensaje: la fidelidad de Dios acompaña incluso cuando las personas no alcanzan a comprender el sentido de todo lo que sucede.

Entre las enseñanzas que ha recibido a lo largo de estos 90 años destacó la confianza incondicional en el Dios que llama, consagra, sostiene y envía, así como la presencia maternal de María y el testimonio de entrega radical de San Juan Bautista de La Salle al servicio educativo de quienes más lo necesitan.

El Hno. Adalberto habló también con particular honestidad sobre esta etapa de su vida. Reconoció que en el camino ha tenido que aprender a aceptar las limitaciones y fragilidades propias de la edad, así como a dejarse ayudar y cuidar después de haber dedicado gran parte de su vida a cuidar de otros.

Y desde esa experiencia, compartió otra enseñanza: la necesidad de abrirse a lo nuevo y aprender también de las nuevas generaciones, reconociendo que “lo que es bueno viene de Dios y Dios es novedad permanente”.

Su mensaje concluyó con una acción de gracias a los Hermanos, directores de comunidad, Visitadores, colaboradores, asociados y jóvenes que forman parte de la Familia Lasallista. En ellos reconoció signos de esperanza para la misión de educar humana y cristianamente a los niños y jóvenes.

Dos generaciones, una misma misión

La coincidencia de ambas celebraciones dio un significado especial a la jornada. Por un lado, 90 años de vida y décadas de fidelidad del Hno. Adalberto; por otro, el comienzo de una nueva etapa de compromiso definitivo del Hno. Emmanuel.

Dos momentos distintos que se encuentran en una misma historia: la de una vocación que se entrega, persevera, se transforma y vuelve a decir “sí”.

El propio Hno. Adalberto expresó la alegría de celebrar su aniversario junto con la Profesión Perpetua de Emmanuel, recordando las palabras de Jesús: “La mies es mucha y los obreros pocos”.

La celebración recordó así que la misión lasallista continúa necesitando personas capaces de entregar su vida, de escuchar la voz de Dios en medio de los cambios y de responder con generosidad a las necesidades de las nuevas generaciones.

Al finalizar la Eucaristía, el Hno. Emmanuel recibió de manos del Hno. Rafael Cerón un crucifijo y una medalla como signos de su seguimiento de Jesús. Acompañado por su familia, los Hermanos, colaboradores y miembros de la comunidad, recibió también la bienvenida al Instituto como Hermano de las Escuelas Cristianas con carácter perpetuo.

La jornada concluyó en un ambiente de alegría y fraternidad, dando gracias por una vida que ha sido testimonio de fidelidad y por una vocación que comienza una nueva etapa de entrega definitiva.

En el Distrito Antillas-México Sur, la celebración del Hno. Adalberto y el “sí” perpetuo del Hno. Emmanuel nos recuerdan que la misión se construye entre generaciones: con la memoria agradecida de quienes han entregado su vida, con la presencia activa de quienes hoy continúan la misión y con la esperanza de quienes están llamados a llevarla hacia el futuro.

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