La celebración tuvo también un momento especialmente emotivo con el testimonio del Hno. Adalberto Aranda, quien compartió su experiencia al cumplir 90 años de vida. Con sencillez, el Hno. Adalberto definió el aniversario como una oportunidad para celebrar el don de la vida, reconociéndolo como un regalo que nace del amor de Dios y que debe ser recibido con humildad, alegría, acción de gracias y esperanza.
Su testimonio fue también una mirada agradecida sobre una larga historia vocacional. Recordó su llegada a la comunidad lasallista a los 12 años y cómo, desde aquellos primeros momentos, encontró en ella una familia, acompañado por formadores y por numerosos compañeros con quienes compartió estudios, trabajos, juegos, experiencias y vida de fe.
Al recorrer su historia, reconoció cómo Dios fue entrelazando personas, acontecimientos y circunstancias para conducir su vida. Una convicción atravesó su mensaje: la fidelidad de Dios acompaña incluso cuando las personas no alcanzan a comprender el sentido de todo lo que sucede.
Entre las enseñanzas que ha recibido a lo largo de estos 90 años destacó la confianza incondicional en el Dios que llama, consagra, sostiene y envía, así como la presencia maternal de María y el testimonio de entrega radical de San Juan Bautista de La Salle al servicio educativo de quienes más lo necesitan.
El Hno. Adalberto habló también con particular honestidad sobre esta etapa de su vida. Reconoció que en el camino ha tenido que aprender a aceptar las limitaciones y fragilidades propias de la edad, así como a dejarse ayudar y cuidar después de haber dedicado gran parte de su vida a cuidar de otros.
Y desde esa experiencia, compartió otra enseñanza: la necesidad de abrirse a lo nuevo y aprender también de las nuevas generaciones, reconociendo que “lo que es bueno viene de Dios y Dios es novedad permanente”.
Su mensaje concluyó con una acción de gracias a los Hermanos, directores de comunidad, Visitadores, colaboradores, asociados y jóvenes que forman parte de la Familia Lasallista. En ellos reconoció signos de esperanza para la misión de educar humana y cristianamente a los niños y jóvenes.