Mensaje a las Comunidades Lasallistas antes de Semana Santa

Cristo resucitado nos recuerda que de la tierra
pisada también renacerán las flores. (Martin Luther King)

Muy queridos Niños, Adolescentes, Jóvenes y Estudiantes todos, Maestros, Colaboradores y Personal de nuestras Instituciones… Muy queridas Familias y Comunidades Religiosas y Educativas del Distrito Lasallista de Antillas-México Sur. Muy queridos Voluntarios, Exalumnos y Amigos.

En unos días iniciaremos juntos la Semana Santa… camino a la Pascua de Resurrección. Una experiencia de Fe y de Vida. Pasaremos del Viacrucis (camino de la Cruz) al Vía Lucis (camino de la Luz), acompañando y acompañados  por la Virgen María. Semilla que cae en tierra y muere para que nazca el nuevo árbol que dará frutos que tendrán nuevas semillas y que a su vez multiplicarán la vida en el misterio divino de morir para dar vida.

Como Iglesia, con Jesús, cargaremos la Cruz Redentora con amor… caminaremos hasta el final, entre caídas y dificultades, con el cuerpo golpeado y el corazón latiendo fuerte… con la mente y la voluntad, la fe y la libertad en lucha continua… hasta el Gólgota… Y al lado de otros crucificados, en Cristo, con Él y en Él, entregaremos nuestra vida al Padre en comunión con nuestros hermanos, confiados en que nuestro buen Padre la recibe con alegría y gratitud y la transformará en semilla y frutos de trascendencia y vida eterna por la fuerza del Espíritu Santo. 

Dios es fiel y como gran Educador nos enseña la certeza de que todo acabará bien, que todo es para bien, y que la fe es luz, fuerza y escudo en la realidad que vivimos día a día, entre logros y dificultades… La fe (y la ciencia) afirman que la luz es lo que existe y que  la oscuridad no es sino la ausencia de la luz, como lo frío es la ausencia de calor o el mal es la ausencia del bien. No todas las cruces son las de Jesús… Su cruz es una cruz aceptada con amor y asumida con esperanza. No todos los crucificados responden igual ante el insulto, la agresión, la violencia y la injusticia… Y no olvidemos que lo importante no es la Cruz sino el Crucificado, que es el Resucitado, el “Eterno Viviente” con las cicatrices de los clavos en las manos y la herida sanada en el costado.

Este tiempo de Dios que estamos viviendo con la pandemia, es momento de “permanecer unidos” y caminar “juntos y asociados” de la mano de Jesús como “lasallistas de corazón”, sacando lo mejor de nosotros mismos y que es “Jesús que vive en nuestros corazones”. No es momento de “enseñar el cobre”, de rivalidad ni división, de parcialidades o egoísmos, de “achicarnos” o replegarnos, sino de potenciar nuestro INDIVISA MANENT

“Hacer lo más que podemos, lo mejor que sabemos, con lo que tenemos, tratando de ayudar a los más posibles… con realismo y humildad”. En tiempo de Jesús había muchos enfermos, desempleados, muertos en Israel y en el mundo… No curó a todos, no creo fuentes de trabajo y bienestar para todos, no resucitó a todos los muertos… Pero con los “pocos” que lo hizo nos dio esperanza a todos… El valor de lo pequeño como detonador de lo grande… “Signos y señales” que manifiestan que el bien está presente y actúa como el pasto que crece sin hacer ruido. La humildad de hacer lo posible, con el dolor y la pena de no poder hacer lo deseable y quedarse “siempre corto”. En su encarnación nos enseña a vivir confiados y agradecidos a pesar de nuestras limitaciones y límites…; a hacer todo como si dependiera de nosotros, y a confiar todo como si sólo dependiera de Dios. No separar oración y acción. Jesús no buscó los reflectores ni jugó para halagar a la tribuna… ni dar pan y circo… como líder populista que vive del aplauso y de los índices de aceptación popular por el “like” de las redes o los noticieros y periódicos. Lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, se compadeció de los enfermos, mostró misericordia a todos y recibió rechazo, calumnia, difamación, agresión y muerte.

Qué más hubiera querido La Salle que educar a todos los niños franceses de todas las ciudades, pueblos y villas de Francia… y de llegar a los más pobres y necesitados… Murió habiendo fundado con sus Hermanos 25 escuelas y muchas más atendidas por Colaboradores, sus “queridos maestros seglares”… Sus frutos se volvieron semillas de resurrección en la vida de muchos más en muchos países del mundo… hasta el día de hoy… 

Cuánto diéramos por evitar más muertes por el virus, por evitar contagios (y por eso nos quedamos en casa como una “acción pasiva” que es muy activa); haciendo “nada” hacemos “mucho”… No es resignación fatalista; es realismo esperanzado. 

Si nos ayuda la comparación, en los aviones en caso de falta de oxígeno, el primero que se pone la mascarilla es el adulto para ayudar al niño… en los hospitales los más protegidos deben ser los médicos y enfermeros, si queremos sanar a muchos… Hemos recibido la noticia de que en Italia entraron en fase 4, con “código de guerra”: Dejar morir al que menos posibilidades tiene de vivir, o peor aún, no atender “por decreto” a quien tiene más de 70 años… No hay recursos humanos ni materiales para atender la demanda… Es una decisión dramática… que cuestiona, enoja, confronta emocionalmente y nos hace sentir vulnerables, impotentes, incapaces, injustos, crueles… Y en esta lucha de pensamientos y emociones que nos hunden y entristecen, tenemos la noticia de que una viejita italiana de 90 años que llegó contagiada a un hospital le dijo al médico que no le ponga a ella el respirador; que lo utilice para otra persona más joven. Y lo hace tranquila y sonriendo: “Yo ya viví. Hay que dar oportunidad a quienes vienen atrás”… Dos días después murió… Habrá quien diga que se “dejó morir”… Otros diremos que entregó su vida… Su vida no se la arrebataron, decidieron por ella o la abandonaron… Fue ella quien libre y humildemente aceptó entregarla, donarla a otro, “sacrificarse” (su sinónimo es “santificarse”)… ¿Seguimos pensando y sintiendo igual?… La tragedia se vuelve santidad y heroísmo… gesto de amor por el otro. La muerte de una es la vida de otra. El testimonio y testamento de Jesús encarnado en esta “viejita anónima” sigue iluminando el sentido redentor del sufrimiento y la muerte en estos momentos y siempre. Un gesto de amor hace que la persona que recibió el respirador viva eternamente agradecida a quien en vida nunca conoció… La hija de esta viejita, ante el dolor de la pérdida, no tiene más que admiración y veneración por su mamá. Podría haberlo hecho por ella, su hija… pero su amor de “madre humana y divina” le permitió dar su vida a la que estaba más “próxima” aunque fuera desconocida… Por su testimonio, seguramente otros viejitos de noble corazón (y no tan viejitos) harán lo mismo… Italia y el mundo tenemos nuestros “Santos Héroes” en esta Pascua de Abril 2020.

También nos pasa en las escuelas… y pedimos a Dios que las decisiones gubernamentales, las políticas y estrategias que adoptemos y las necesidades con que nos encontremos nos permitan lograr el mayor bien posible, con la impotencia puesta en manos de Dios de no poder lograr todo lo que deseamos. Que como Él, con “cinco panes y dos peces” demos de comer a “cinco mil personas”… multiplicando la solidaridad viviendo con mayor austeridad y sencillez. Ésta es nuestra misión como Iglesia… Después del Milagro, Jesús les dijo a sus discípulos y a nosotros hoy: Ahora denles ustedes de comer y hagan lo que Yo hice… y lo que hagan por su prójimo me lo hacen a Mí.

Jesús se “entrega” para dar sentido y esperanza a los olvidados, rechazados, marginados, separados, a los que no tienen lugar… y muere para que otros tengan vida… y “escribe derecho con renglones torcidos”. Volviendo a Italia (y cualquier sociedad)…: Los que gastaron su juventud y vida productiva por lograr seguridad social con su trabajo e impuestos, ahora mayores de edad no gozan de la atención que se da a los más jóvenes… y muchos han dado ejemplo heróico de aceptación para “dar oportunidad” a los que van llegando al mundo y encender con ellos la esperanza de un mundo diferente y abren sus brazos a la muerte con fe en algo mejor, en Alguien que los espera para abrazarlos… La muerte de unos es vida para otros. Si lo vemos en lo particular es fracaso; si lo vemos en comunidad es triunfo. Un médico tiene el deber ético de cuidar la vida de la madre y su hijo. En caso de riesgo, debe optar por la vida del que más posibilidades tiene de vivir en el momento del parto. Si pide “opinión a los papás”, la madre dirá que viva el niño…; el papá puede pensar diferente… El difícil equilibrio entre lo que siento, lo que quiero, lo que puedo, lo que creo, lo que digo, lo que hago…

En nada nos ayuda alentar ambientes adversos y tensos ante “colegiaturas y pagos”… ante chismes y desinformaciones laborales o salariales… ante mensajes de descalificación, muerte, mentira, soberbia y autoritarismo de personas o grupos … ante “ganancia de pescadores en río revuelto”… difundiéndolas irresponsablemente en redes, diálogos cercanos y conversaciones hostiles, creando presiones innecesarias y regando el virus del veneno y la crítica, cuando sabemos que la confianza mutua y la búsqueda del bien común por el diálogo y la cercanía es nuestra meta y nuestro reto como personas, como creyentes y como lasallistas.

Juntos por el “Pacto Educativo Global” a que nos convoca el Papa Francisco, requerimos integrar y armonizar las necesidades de Estudiantes y Familias, con las justas aspiraciones de Educadores, Colaboradores y Personal de los Centros, Escuelas, Colegios y Universidades, con la viabilidad y futuro de las Instituciones Lasallistas… para que muchos más gocen del beneficio de la educación evangelizadora que nosotros hemos heredado. En eso estamos empeñados todos los miembros de nuestras Comunidades Educativas y Universitarias. Tenemos una gran historia que contar y queremos que otros en el futuro tengan también esta oportunidad. 

Este “equilibrio y armonía entre el beneficiario, el prestador del servicio y la Institución”  se da en cualquier empresa… y también en nuestras Familias… y en nuestra Familia Lasallista. La ruptura de esta Alianza Fraterna nos perjudica a todos… Si uno pierde, todos perdemos… Todos cedemos y todos damos algo más… para seguir caminando juntos…  Requerimos unos de otros y contamos unos con otros. “O nos salvamos juntos o nos cuelgan por separado”, era un principio de los encarcelados en los campos de concentración que nos hace bien recordar y aplicar en estos momentos.

No saldremos adelante “jalando cada uno por su lado”, estando uno contra otro en vez de unirnos y ver en la misma dirección (hacia dentro o hacia afuera de La Salle). Hay que revisarnos, inventar, proponer, sacrificar, compartir… unos y otros y no a pesar o contra o sobre otros. Y en esto el “contexto” familiar, educativo, social, económico, político y religioso crea el clima que puede favorecer o estropear el proyecto educativo, de Nación y de Iglesia. En la unión está nuestra fuerza. Nos necesitamos mutuamente y somos importantes. Quien hace mamá a una mujer es su esposo… y su hijo. No hay discípulo sin maestro ni maestros sin alumnos… Lo que somos lo debemos, en mucho, a los demás; no nos entendemos sin el otro y somos uno para el otro… Si perdemos estar perspectiva comunitaria, subsidiaria y solidaria, nos ensimismamos y nos hacemos egoístas y autorreferenciales. Se acaba el sentido del “nosotros” y crece el “yo” alejado del “tú” y empezamos a hablar de “ellos” o de “ustedes”

Este mensaje y vivencia de Reconciliación y paz es el fruto de la Pascua, don del Espíritu Santo. Pasar del miedo a la confianza, de la desesperación y la angustia a la fraternidad y el diálogo, de la muerte a la vida, de la tristeza y desesperanza a la alegría y la sonrisa. Nuestro Dios es Dios de Vida, de esperanza y plenitud. Vivir la Pascua es dejar de quejarnos y comenzar a resolver; dejar de demandar y empezar a dar; dejar de reclamar y empezar a agradecer; dejar de sufrir, asumir el dolor y ser feliz… Buscar juntos la mejor salida sin condenar, descalificar o agredir. La luz nos permite ver el sendero a recorrer y seguir caminando superando los obstáculos. La obscuridad nos hace detenernos y levantar la mirada para contemplar las estrellas.

Juan Bautista De La Salle y nuestros primeros Hermanos y Colaboradores fueron hombres que vivieron en tiempos difíciles, épocas de pestes, hambrunas y guerras. En sus escritos y en su vida nuestro Santo Fundador nos enseñó a “ir hacia adelante”, “a no rendirse”, “a reconocer con humildad las equivocaciones”, “a esperar y resistir esperando un mejor momento”, “a insistir y dar nuevas oportunidades”, ya que la Obra es de Dios. A su ejemplo, tradición e innovación se combinan para que seamos creativos ante la adversidad, la crisis, la indiferencia y la dificultad. Sigamos poniendo los dones que cada uno ha recibido al servicio de los demás.

Tomando las Palabras del Papa Francisco en su mensaje el 28 de Marzo pasado  al compartirnos la bendición “a la ciudad y al mundo”, lo aplicamos a nosotros como Comunidad de Fe al Servicio de la Iglesia: “Estamos en la misma barca (mundo) y nos podemos sentir frágiles y desorientados, asustados y perdidos… sorprendidos por una tormenta inesperada y furiosa… En esta única barca todos somos necesarios e importantes y estamos llamados a remar juntos, al mismo ritmo y en la misma dirección, animándonos y consolándonos mutuamente. Sabemos que si nos hundimos nos morimos todos… no tenemos otra barca… Jesús viene con nosotros en la barca y no tememos naufragar… Él calma la tempestad y nos hace caminar sobre las aguas. Viviendo Jesús en nuestro corazón siempre, saldremos adelante juntos”. 

Entre otras cosas que tenemos que agradecer a esta pandemia, sin dejar de ver sus amargos efectos, es que nos ha acercado a los lejanos y nos ha dado conciencia de humanidad, de cuerpo, de unidad y la necesidad de “permanecer unidos” y de que lo que hacemos, tarde o temprano, repercute para bien o para mal de los demás… y de eso somos responsables. Para nosotros, esta pandemia, vista desde la fe en Dios, nos hace ser “más lasallistas”. Dios necesitaba despertarnos y movernos para vivir la vocación y misión que nos ha regalado y para la cual nos tiene en este mundo.

En la Vigilia Pascual, viviremos los signos y ritos de la LUZ (Fuego nuevo que enciende el Cirio Pascual, Signo de Cristo Resucitado), PALABRA (Lecturas del Antiguo Testamento), AGUA (renovación de nuestro compromiso bautismal), PAN (Eucaristía), HERMANO (Envío misionero para vivir lo que hemos celebrado) , ESPÍRITU (Animador y dador de vida nueva). Luz que ilumina, palabra que alienta y se encarna en el testimonio, Agua que limpia y Alimento  que fortalece, Hermano al que se ama y con quien se convive y se comparte, Espíritu que plenifica y trasciende.

No dejemos de celebrar lo que creemos… y de vivir lo que creemos, celebramos y enseñamos. Un lasallista se educa para educar y contagiar la fe, la fraternidad y el servicio. Grandes cosas son posibles… y si lo soñamos juntos lo haremos realidad. Lo mejor está por venir y lo haremos llegar. Arriba de las nubes siempre brilla el sol. 

Finalmente, en Pascua, hemos adoptado como “imágenes” el “Huevo de Pascua” y el “Conejo de Pascua”, para expresar que una vida nueva nace (el pollito que rompe el cascarón; es necesario que algo se quiebre para que algo nuevo pueda surgir), y el conejo que se caracteriza por su fecundidad… La pascua es MULTIPLICAR LA VIDA NUEVA EN JESÚS… Ser testigos de la Resurrección y realizar acciones de vida y resurrección en la historia de los niños, jóvenes, pobres, maestros y  familias (como nos exhortó el Papa Francisco en el 300 Aniversario de la Pascua del Santo Fundador el año pasado), animadores entusiasmados de comunidades, educadores y vitalizadores de fe que se comparte y se contagia, signos de esperanza y amor por nuestro servicio, sonrisa y paz interior; instrumentos de Dios en reconciliación y trascendencia.

Como educadores lasallistas (y todos nos educamos unos a otros), sabemos que si alguien por ayudar al pollito a nacer le rompe el cascarón para “facilitarle la vida”, lo está “matando”, pues esa lucha es la que lo fortalece para sacarse adelante en la vida (“toda ayuda innecesaria retarda el proceso de aprendizaje” afirman los pedagogos; abandonar o sobreproteger son agresiones)… Evitar el tiempo que la oruga “pierde” en su capullo es impedir que nazca la mariposa… 

Muy feliz SEMANA SANTA… unidos en la distancia que nos “aprojima”.

Cuidar, cuidarme, cuidarte, cuidarnos, dejarnos cuidar… para mejor amar y servir.

Oramos unos por otros y por todos.

Dios nos bendice, la Virgen María nos acompaña, San José nos protege y San Juan Bautista de la Salle ruega por nosotros, intercede y nos sonríe.

Fraternalmente
Comunidad de Animación Central.

H. Pedro Álvarez Arenas
Visitador Distrito Antillas-México Sur

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